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THE CATALAN HERITAGE HOUSE


El Palau Moja es un espacio único situado en el corazón de Barcelona con un relato atractivo donde la Historia, el Patrimonio y el Territorio de Cataluña se interrelacionan para acercarlos a los visitantes. De una forma original, el establecimiento integra los diferentes recursos y atractivos del territorio -monumentos, relatos históricos, personajes, artesanía, gastronomía, espacios naturales, entre muchos otros- para transmitir la potencia y singularidad de Cataluña.

Además, en el Palau Moja la tecnología juega un papel fundamental. El visitante puede navegar por la historia del Patrimonio Catalán a través de tabletas y pantallas táctiles donde puede encontrar información que va desde nuestros orígenes hasta la contemporaneidad. De esta manera el visitante descubrirá rincones que desconocía y que ahora querrá visitar. Por eso, en el mismo Palau ponemos a su disposición la Oficina de Turismo donde podrá informarse y reservar la visita a aquellos lugares que quiera visitar, ya sean los grandes iconos de Cataluña o las visitas de interés específico.

Y no solo esto, si el visitante quiere comprar productos de proximidad relacionados con los diferentes periodos de la historia de Catalunya lo podrá hacer en la tienda del Palau, donde podrá encontrar una amplia gama de productos de todo tipo relacionados con la artesanía, la historia, la enogastronomía, libros, etc relacionados con la cultura catalana.

Tampoco falta el espacio gastronómico donde, en un ambiente relajado, podrá degustar platos ligados a la gastronomía catalana con ingredientes ecológicos y de Km 0 procedentes de las diferentes denominaciones de origen del País.

¡Bienvenidos!

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EL PALAU MOJA


La Casa del Patrimonio Catalán se ubica en los bajos de un edificio singular y lleno de historia. Edificado por el marqués de Moja y su mujer, M. Luisa de Copons, sobre lo que fueron la torre y las murallas de la Portaferrissa, es obra del arquitecto Josep Mas, el mismo que realizó la Merced, San Vicente de Sarriá y la ampliación del Palacio Episcopal de Barcelona.

Iniciadas las obras en 1774, al cabo de diez años se inauguraba el Palau con la fiesta de la boda de la heredera de los marqueses de Moja, con la estructura y las fachadas prácticamente terminadas. Más adelante, en septiembre de 1791, se daba a conocer la obra pictórica de Francisco Plan -el Vigatà- en el gran salón, así como  los arrimaderos del vestíbulo, del pintor Pere Pau Montanya.

Josepa de Sariero y de Copons, último miembro de los Moja y Cartellá, murió sin descendencia en 1865

Sus albaceas alquilaron el Palacio el Fomento del Trabajo Nacional que desde allí coronó la campaña a favor del proteccionismo en 1869.

Pocos años después, Antonio López y López, primer marqués de Comillas, adquirió el Palacio, hay emprendió obras importantes de reforma y decoración, y pasó a residir en 1875.

Alfonso XII, al entrar en España durante la Restauración, durmió en el Salón Azul de esta casa y fue huésped también san Juan Bosco, en abril de 1886. Mossèn Jacint Verdaguer, con el cargo de limosnero del marqués de Comillas, dijo misa y residió en el Palacio desde 1876 hasta el 1891.

Entroncada la familia López con los Güell, fueron señores de esta casa el segundo conde de Güell – alcalde de Barcelona-, y sus herederos. En su primera estancia en Barcelona, el Rey emérito Juan Carlos I, entonces príncipe, residió durante unas semanas.

En 1971 se produjo un incendio; el edificio quedó dañado y abandonado durante once años, y perdió parte de lo que conservaba y la condición de residencia.

Adquirido por la Generalidad de Cataluña, en 1982, una inmediata restauración abrió un nuevo periodo, y pasó a ser sede de la Dirección General del Patrimonio Cultural del Departamento de Cultura.

El Palacio se construyó en los últimos momentos del barroco, influido por las nuevas tendencias estéticas francesas de retorno al clasicismo y la sobriedad de líneas. En su interior destacan, entre las diferentes estancias, el Gran Salón y la capilla, decorados con pinturas de Francesc Pla. Pedro Pablo Monte pintó las barandillas de seis salones del Palau.

Por sus valores histórico-artísticos ha sido declarado Bien Cultural de Interés Nacional.

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